Colocando la lona

Se había quedado solo bajo la fina llovizna para remontar pacas de cartón sobre el camión. Trepó a la más alta para extender una lona, pero su bota resbaló, y sus piernas le pasaron por encima. Al levantarse del asfalto la cabeza le dolía. La luz borrosa le indicó el arreciar de la lluvia. Se apresuró a terminar. Salió del patio, condujo a la bodega, estacionó frente al portón cerrado y se retiró a su casa para descansar.

Despertó de inmejorable ánimo, notando con agrado la ausencia del dolor de rodilla que le había molestado por días. Tomó las llaves y salió hacia su trabajo. Cuando llegó, el camión no estaba, y un lazo negro colgaba en la puerta.

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CGA251201 – Sobre este cuento de suspenso
Este relato forma parte de la colección de cuentos de suspenso que exploran lo inesperado dentro de lo cotidiano. A través de una secuencia aparentemente simple, la historia introduce una ruptura sutil en la realidad que transforma por completo la interpretación de los hechos.

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El perro bravo

—Fueron los voladores los que lo volvieron loco. Me preguntaron si lo amarré. ¿Que si lo amarré? ¡No lo podía ni tocar! Y es que tienes que entender que un perro recién adoptado necesita tiempo para conocer a su amo. Luego me dijeron que mordió al viejo y a la muchacha. Pero ¿cómo pude haber sido más cuidadoso? Lo dejé encerrado. No fue mi culpa.

—Lo vi venir desde la esquina. Siempre estoy atento a la ventana. Me pareció muy inquieto y tenía la cola entre las patas. Mi vecina no lo vio. Intenté avisarle y bajé corriendo las escaleras, pero como siempre, ella estaba distraída. Yo vi cuando salió de su casa y el perro la atacó. Estaba rabioso o yo qué sé. Luego llamé a la ambulancia, pero el perro se había ido. Se fue como llegó. Es culpa de su dueño. Lo descuidó.

—Pues no me lo esperaba. Yo estaba buscando a mi gato y lo había visto esconderse en el jardín de la casa de enfrente. Cuando abrí mi reja para ir por él, sentí los colmillos en mi cuello. Mi vecino estaba gritando. Puse mis manos hasta que el perro me soltó. Luego me dijeron que también había mordido a un señor y a él sí le fue mal. Lo mío solo fueron unas puntadas, pero él se quedó en el hospital. Mi gato está bien.

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CGA260302 – Sobre este relato
Este relato inquietante de múltiples versiones explora cómo la percepción de la realidad se fragmenta a través de distintos testimonios. Entre incertidumbre, ambigüedad y hechos contradictorios, la historia sugiere que la verdad puede ser tan inestable como la memoria de quienes la narran.

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Bombero

Había sido un gran día. Bueno, quizá no tanto para el infeliz de la gasolinera en la que sofocamos el incendio. El combustible se había derramado mientras el imbécil fumaba esperando a llenar su tanque.

Todos me felicitaron por mi audacia y valentía; hasta mi capitán me había dado unas palmadas en la espalda.

Siempre he sido un hombre de acción, de movimiento. Me fastidian las contemplaciones; pero la noche me había preparado la contemplación de mi carencia, cuando fueron mis propios compañeros los que acudieron a apagar el incendio en la lavandería a la que llevé mi uniforme. A un lado de la máquina quemada, aún se distinguía el letrero que indicaba no introducir prendas manchadas con líquidos inflamables.

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CGA260209 – Sobre este relato
Este relato de ironía y consecuencias explora cómo un momento de descuido puede derivar en un accidente inesperado. A través de una narrativa breve, la historia aborda la responsabilidad y la culpa desde una perspectiva donde la acción y sus efectos terminan por alcanzarse inevitablemente.

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Quizá

Roberto tenía el recuerdo aún fresco, como si hubiera sucedido ayer. Dos jóvenes en la estación.

Camila llevaba aquel perfume que los dos habían comprado en el viaje a Europa en el 53, en aquella tienda pequeña, pero bien iluminada que estaba en la esquina de San Patricio con General Ricardos.

Roberto la había abrazado con fuerza. Sus labios se habían tocado y las mejillas se habían enrojecido.

—¿Al menos me escribirás? ¿Cambiarás de parecer? Tal vez llegarás a comprender…

—O tal vez seas tú quien recapacite —cortó Roberto.

—Sabes que te amo, pero… quiero ser una actriz famosa, una estrella del espectáculo.

—Entonces date prisa, el tren está por partir.

—¿Lo harás? Dejé mi dirección sobre la mesita de noche, junto a la silla azul.

—Lo pensaré.

Entonces ella subió al vagón sin más demora, y la máquina echó humo e inició su marcha.

Roberto se retiró a su casa. Buscó en la mesita de noche la dirección, y guardó el papel en un cajón.

—Quizá…

Meses después la vio en la televisión. Estaba vestida con un traje rojo de astronauta, huyendo de un extraterrestre que la perseguía. Se veía hermosa y flamante. Pensó en el papel con la dirección que estaba en su cajón.

—Quizá…

Llegó el invierno. Roberto había llevado a otra chica al cine. Realmente no le gustaba, pero algo tenía que hacer. Camila era la protagonista de la película. Ya no era astronauta, sino una brillante doctora que daba nueva vida a sus pacientes. La cámara le favorecía. Pensó nuevamente en la dirección guardada en su cajón.

—Quizá…

Despertó agitado, el sol comenzaba a salir. La había visto nuevamente en sus sueños. Camila le tomaba la mano y juntos caminaban por un campo de margaritas hacia el horizonte.

Se levantó lentamente de la cama, y con andar taciturno llegó hasta el cajón y lo abrió. Ahí estaba la dirección. Se miró al espejo pensando en Camila.

Un rostro anciano le devolvió la mirada. Era delgado y familiar, surcado por las líneas que deja el tiempo a su paso, pero en los ojos había resurgido un brillo, fruto del recuerdo de aquella estación de tren en donde habían estado juntos por última vez. Tomó lápiz y papel, se sentó a la mesa debajo del ventilador y comenzó a escribir.

—Quizá…

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CGA250913 – Sobre este cuento sobre el paso del tiempo
Este relato sobre oportunidades perdidas explora el paso del tiempo a través de recuerdos y decisiones postergadas. Entre nostalgia y silencios, la historia sugiere que aquello que no se elige también define el destino. Un cuento sobre lo que pudo ser.

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Cerrando el gimnasio

Había quedado sola para cerrar, justamente al año de aquel horrible titular: “Joven muere en conocido gimnasio”.

Mientras buscaba sus llaves cruzó el área de pesas, donde había ocurrido. Las pensó aplastantes, siniestras, atrincheradas en sus soportes con esa maliciosa carga que fácilmente había partido un cuello.

Antes de apagar las luces, miró la nube etérea de vapor, como alma atrapada bajo las lámparas.

Desde la salida miró al peso, muerto, que la miró de vuelta mientras cruzaba la puerta.

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CGA251023 – Sobre este cuento de suspenso
Este relato forma parte de la colección de cuentos de suspenso, donde la tensión surge de lo cotidiano transformado en algo inquietante. A través de una escena breve y cargada de atmósfera, la historia explora la presencia de lo ocurrido y la forma en que ciertos espacios pueden conservar ecos de lo inexplicable.

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