El perro bravo

—Fueron los voladores los que lo volvieron loco. Me preguntaron si lo amarré. ¿Que si lo amarré? ¡No lo podía ni tocar! Y es que tienes que entender que un perro recién adoptado necesita tiempo para conocer a su amo. Luego me dijeron que mordió al viejo y a la muchacha. Pero ¿cómo pude haber sido más cuidadoso? Lo dejé encerrado. No fue mi culpa.

—Lo vi venir desde la esquina. Siempre estoy atento a la ventana. Me pareció muy inquieto y tenía la cola entre las patas. Mi vecina no lo vio. Intenté avisarle y bajé corriendo las escaleras, pero como siempre, ella estaba distraída. Yo vi cuando salió de su casa y el perro la atacó. Estaba rabioso o yo qué sé. Luego llamé a la ambulancia, pero el perro se había ido. Se fue como llegó. Es culpa de su dueño. Lo descuidó.

—Pues no me lo esperaba. Yo estaba buscando a mi gato y lo había visto esconderse en el jardín de la casa de enfrente. Cuando abrí mi reja para ir por él, sentí los colmillos en mi cuello. Mi vecino estaba gritando. Puse mis manos hasta que el perro me soltó. Luego me dijeron que también había mordido a un señor y a él sí le fue mal. Lo mío solo fueron unas puntadas, pero él se quedó en el hospital. Mi gato está bien.

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CGA260302 – Sobre este relato
Este relato inquietante de múltiples versiones explora cómo la percepción de la realidad se fragmenta a través de distintos testimonios. Entre incertidumbre, ambigüedad y hechos contradictorios, la historia sugiere que la verdad puede ser tan inestable como la memoria de quienes la narran.

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