121. La alarma de mi celular sonaba irritantemente al marcar las 8 de la mañana; como pude y a tientas la callé.
122. La televisión seguía prendida; estaban pasando un partido de fútbol europeo y la apagué tan pronto alcancé el control.
123. Me pregunté si seguía soñando.
124. Me levanté de la cama y me di cuenta de que estaba cubierto con sudor; sudor frío que se parecía al miedo que me cubría en aquel momento.
125. Mientras me lavaba los dientes, seguí pensando en mi sueño y recordando los pasos que daba en él.
126. No sé exactamente por qué lo hice, pero antes de guardar mi ropa fui directamente a la puerta y la abrí.
127. Del otro lado del edificio pude ver a unas personas con maletas saliendo de su cuarto en el tercer piso.
128. Me acerqué al borde del pasillo y miré hacia el restaurante, todas las mesas estaban ocupadas por huéspedes que desayunaban.
129. Sonó la campana del ascensor y volteé la mirada esperando lo peor.
130. Una señora descendió con su hija de la mano. Tras ellas salió un camarero con una bandeja de servicio a la habitación.
131. Entré de nuevo a mi cuarto y sin cerrar la puerta, arreglé mis cosas y me dirigí al comedor.
132. Después de desayunar, tomé un camión hacia el aeropuerto. Llegué a registrar mi equipaje justo cuando se cerraba el mostrador.
133. Durante el vuelo, me di cuenta de lo cansado que estaba, pero no quería dormir después de pensar en los sueños que tuve.
134. Consulté rápidamente mi libro en busca de la imagen del gancho de Belcebú. Era tal como lo recordaba.
135. Después de leer las funciones y usos de aquel instrumento, me arrepentí de haberlo hecho y guardé mi libro de nuevo en la mochila.
136. Tomé la revista que estaba en el asiento de adelante y comencé a ojearla. Demasiados anuncios para tan pequeña publicación.
137. El vuelo fue tranquilo excepto por el llanto del bebé que viajaba en el asiento de atrás. Su madre tardó media hora en consolarlo.
138. Tras bajar del avión, apenas tuve tiempo de almorzar antes de que la primera llamada de la oficina perturbara el silencio de mi celular.
139. En la tarde, llegué a mi casa para bañarme y descansar antes de ir a cenar con mi familia, como acostumbro cada vez que llego de viaje.
140. Era justo lo que necesitaba después de esos malos sueños, un baño tibio y algo de descanso en la tranquilidad de mi casa.
141. Ni siquiera hice el intento por sacar las cosas que traía en la maleta, eso podía esperar.
142. Una siesta de hora y media sería suficiente para recargar energías.
143. Programé el radiodespertador de mi buró para que prendiera en una hora con cuarenta minutos. Quería tener tiempo para dormirme.
144. Me despertaron ladridos de los perros del vecino tratando de ahuyentar a un par de gatos que estaban haciendo gatitos.
145. Mi reloj marcaba aún las 8:15 P.M. En 20 minutos no lograría descansar mucho más, así que me levanté y me vestí para ir a la cena.
146. Ya que me sobraba algo de tiempo, decidí caminar hasta la tienda de la esquina a comprar el desayuno del día siguiente.
147. Al salir de mi casa sentí algo de fresco aun cuando llevaba la chamarra puesta; un frío algo inusual para la ciudad en la que vivo.
148. La tienda estaba construida dentro de una casa y los largos anaqueles que formaban los pasillos ocupaban el espacio de la sala-comedor.
149. Cuando llegué, la pequeña TV que Don Chumín tenía a un lado de la caja registradora estaba prendida. Sin embargo, él no estaba ahí.
CGA110131 – El libro
Los sueños inquietantes que persiguen al protagonista comienzan a confundirse con una realidad aparentemente cotidiana. Entre el viaje, el cansancio y las presencias inexplicables, el gancho de Belcebú introduce una dimensión de terror sobrenatural que permanece latente, incluso cuando todo parece haber vuelto a la normalidad.
El siguiente capítulo estará disponible pronto
El primer capítulo está disponible en este link: El libro (Capítulo 1)
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