88. Me detuve en seco ante aquel portazo. Vi hacia la entrada del cuarto esperando que algo pasara.
89. Rápidamente pensé en alguna explicación razonable para semejante ruido. Quizá alguien tropezó y cayó encima de ella.
90. La puerta retumbó nuevamente, con más fuerza que antes y ahora un ruido metálico acompañó al estruendo.
91. Por un momento pensé que se desprendería de sus bisagras. Mi corazón latió rápidamente.
92. Me acerqué al ojillo de la puerta y sólo pude ver las habitaciones que estaban frente a la mía, cruzando el vacío que dejaba el restaurante.
93. Decidí abrir la puerta.
94. Quité el seguro y la aparté de un solo movimiento. Alcancé a escuchar las risas de unos niños bajando por la escalera al lado del ascensor.
95. El pasillo estaba despejado; miré a ambos lados y hacia el frente sin ver a nadie.
96. Eran casi las 8 A.M. y no veía a una sola persona en el hotel. Salí de mi cuarto y caminé por el pasillo con la mirada fija al frente.
97. Tenía hambre y el olor a comida que subía hasta el primer piso me hizo olvidar por un momento la razón por la que había salido tan a prisa.
98. El ruido de los cubiertos contra los platos y el suave bullicio proveniente del restaurante me tranquilizaron.
99. La campana del ascensor sonó al final del pasillo y me apresuré a ver quién llegaba.
100. Cuando se abrieron las puertas no encontré a nadie, así que subí al elevador.
101. Quería hablar con el encargado del hotel para reportar a los niños que estaban golpeando mi puerta; él debía de hacerse cargo.
102. En cuanto el elevador se abrió nuevamente, una ráfaga de aire frío se coló a través de las puertas.
103. Por la prisa al salir del cuarto, no llevaba mi chamarra puesta.
104. Al pasar por el restaurante vi una variedad de platillos para desayunar en el bufet.
105. Los platos en las mesas estaban atiborrados con huevos revueltos, fruta y panqueques. El fuego ondeaba debajo de las ollas de servir.
106. El restaurante estaba vacío.
107. Me acerqué a la recepción y no encontré al encargado, por lo que toqué la campanilla para llamarlo.
108. El sonido, en lugar de quedar ahogado en la madera del mostrador, se extendió por todo el hotel y se hizo más intenso cada vez.
109. Me sentí al borde de un acantilado. El eco retumbaba y el tintineo crecía, se adueñaba del hotel.
110. Instintivamente cubrí mis oídos con las manos y me alejé del mostrador sacudiendo la cabeza.
111. Entonces, a la puerta de mi habitación, vi una figura demasiado alta para ser humana, cubierta totalmente con una capa negra.
112. La figura sostenía en su mano izquierda un instrumento metálico con mango blanco.
113. Parecía una espada, pero la punta terminaba en una especie de garfio.
114. Pese a la distancia, se distinguía perfectamente un rojo líquido que lamía el extremo afilado de la herramienta atroz.
115. Como un relámpago, recordé el nombre de aquel instrumento. Lo había visto en el libro de magia.
116. Era el gancho de Belcebú.
117. El ambiente se puso aún más frío y el aroma de la comida cambió por el de una pestilencia difícil de describir.
118. La figura levantó su mano derecha y apuntó en la dirección en la que me encontraba.
119. El retintín de la campanilla era insoportable. Mil campanillas al unísono no se hubieran comparado con aquella estridencia.
120. La figura habló con voz grave y clara, diciendo solamente una palabra. Era mi nombre.
CGA110131 – El libro
El terror sobrenatural se apodera del hotel mientras una presencia inexplicable transforma una mañana aparentemente cotidiana en una experiencia inquietante. La figura encapuchada, el silencio de los pasillos y la campanilla misteriosa construyen una atmósfera de creciente amenaza, hasta revelar una conexión con el oscuro contenido del libro.
El siguiente capítulo estará disponible pronto
El primer capítulo está disponible en este link: El libro (Capítulo 1)
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