Daniel nació con ciertos dones, pero uno ensombrecía los demás: su capacidad para calcular a las personas.
Cuando era joven, pasaba horas de conflicto moral, decidiendo cómo usarlo. Pero los años lo volvieron apático a los límites sociales; insensible, inmune. Cuando usó su habilidad para pedir su segundo aumento del año, pese a su desempeño laboral mediocre, lo hizo sin remordimientos.
Para cualquiera con la mitad de capacidad de Daniel, habría sido fácil fijar una suma a pedir, con base en la abertura de los labios del jefe en silencio; o determinar el mejor momento para lanzar una amenaza mezquina durante el viaje que hacen los ojos hacia un punto vacío.
Pero su don le permitía crear atmósferas completas; encerrar a la gente en una celda de emociones, vulnerables a sus ataques. No obstante, fuera de ese trance, los listos siempre huyen.
Para Daniel, con su visión limitada y su hastío por el esfuerzo, la riqueza y el éxito nunca fueron opción. Estaba auto condenado a luchar sagazmente por migajas, conquistando tierras deshabitadas y disparando veloces flechas hacia el suelo.
CGA260412 – Sobre este microcuento
El don de Daniel explora las consecuencias de poseer un talento para leer personas llevado más allá de cualquier consideración ética. A través de una voz sobria y contenida, este relato sobre poder y ambición muestra cómo la manipulación psicológica puede convertirse en una prisión tan limitante como el propio fracaso. Un microcuento de introspección sobre los dones que terminan consumiendo a quien los posee.
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Esta obra pertenece a la categoría: Relatos diversos