150. En la tienda fui directo al pasillo de los panes en busca de unos muffins con mantequilla y luego por un yogurt y un jugo de uva.
151. Los refrigeradores con bebidas siempre están al fondo de las tiendas para que los clientes tengan que recorrer los pasillos.
152. Al abrir la nevera el aire frío salió e hizo que se me ericen los vellos de los brazos debajo de las mangas de mi chamarra.
153. El volumen de la televisión subió al mismo tiempo en que yo cerraba la puerta de la nevera.
154. Sabía que por su edad Don Chumín no escuchaba muy bien, pero a ese volumen podría escucharla hasta en la calle.
155. Asomé por el pasillo más próximo con vista al mostrador y no vi a nadie.
156. Caminé derecho hacia el mostrador para bajar el volumen y al acercarme a la caja me di cuenta de que la tele estaba apagada.
157. Las voces comenzaron a gritar de nuevo, cada vez más desesperadas y ruidosas.
158. Tomaron por asalto la tienda de Don Chumín y la llenaron de sufrimiento y amargura.
159. Escuché unas pisadas por detrás y volteé hacia el pasillo que recién había transitado.
160. Las voces cambiaron ¡ahora eran risas y llantos! Risas y llantos de bebés que no estaban en ninguna parte.
161. Solamente había una presencia además de la mía en esa tienda. Estaba al final del pasillo, junto a las neveras.
162. Era la figura que vi en la puerta de mi cuarto de hotel ese mismo día, con el mismo artilugio en la mano izquierda.
163. Las risas y los llantos eran ensordecedores. No podía acertar a mover mis manos hasta los oídos. Estaba paralizado.
164. A continuación, y mientras era señalado, escuché en voz grave las palabras más maléficas que pudieron haberse inventado.
165. ¡Vengo por ti!
166. Al momento sentí una punzada en el brazo izquierdo que me quemaba como las brasas del infierno.
167. El ruido era insoportable y no pude mover un músculo cuando la figura dio un paso hacia el frente.
168. Las sábanas estaban empapadas, la música estaba a todo volumen, eran las 8:35 P.M.
169. Apagué el radio de un manotazo. ¡Esto no podía estar pasando! Estaba agitado y me dolía el brazo izquierdo.
170. Al levantarme todo estaba oscuro y encontré mi camino gracias a los números parpadeantes del radiodespertador digital.
171. Encendí la luz y miré mi cama. Había un alacrán muerto al centro, aplastado probablemente por el peso de mi cuerpo.
172. En mi brazo, una extraña herida severamente enrojecida me marcaba. Era muy grande y ardía mucho.
173. Me bañé nuevamente tan a prisa como pude, se me hacía tarde para llegar a cenar y no podía dejar de pensar en mis sueños.
174. Tantas coincidencias me parecían extrañas. El miedo es el peor enemigo de la lógica.
175. Mi mente comenzó a divagar con explicaciones absurdas para todo ello, cada una tan descabellada como la anterior.
176. Entonces recordé algo. En el libro se describía un talismán utilizado en invocaciones diabólicas, el Talismán Exterminador.
177. Este amuleto se debía fabricar en plomo y poseer la figura de un escorpión en el centro.
178. La hinchazón no tardó en hacerse presente y rápidamente mi brazo se calentó.
CGA110131 – El libro
El talismán exterminador se convierte en el centro de una inquietante conexión entre sueños, invocaciones diabólicas y hechos aparentemente inexplicables. Entre el miedo y la duda, el protagonista intenta encontrar una explicación racional mientras la presencia sobrenatural se vuelve cada vez más cercana.
El siguiente capítulo estará disponible pronto
El primer capítulo está disponible en este link: El libro (Capítulo 1)
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