En el lejano oriente, a medio kilómetro de la gran ciudad de Varmirir, vivía una familia de elefantes alados. Todos los días, el papá se levantaba temprano para preparar el desayuno, y la mamá alistaba la mesa y despertaba a los pequeños.
Era bonito vivir tan cerca de la ciudad, y a la vez tan lejos. Por las mañanas, el aire era limpio y fresco y algunos insectos rodeaban las ventanas calientes de la cocina en busca de algún bocadillo para robar. En las noches, solo la luna iluminaba los techos de la casa y el granero, y a lo lejos se veía el leve resplandor de las velas callejeras de Varmirir.
Ese día, la mayor de las hijas, Sonia, había despertado de muy buen humor. En sus sueños había conseguido el trofeo al vuelo más rápido que jamás se haya visto. Bajó las escaleras sin hacer ruido para no despertar a su hermanito y encontró a sus padres en el silencio confidente que los caracterizaba. Parecía que llevaban horas hablando, pero ni una sola palabra había salido de sus bocas. Con los gestos más sutiles tenían una compleja conversación entre ellos. Sonia quería entenderlos, pero su juventud aún era obstáculo para ello.
Sonia se sentó a la mesa y su madre le dio los buenos días mientras posaba frente a ella un gran tazón de fresas con cacahuates.
—Tu padre está por terminar los hotcakes, mientras puedes comer tu fruta.
—Mamá, hoy tuve un sueño estupendo. Soñé que viajaba por el mundo, lejos de Varmirir, y que conocía a muchos elefantes veloces.
—¿Ah sí? —Contestó Ara
—Sí, pero yo siempre era la más rápida, y me dieron el trofeo por el vuelo más rápido de todo el mundo.
—Que bien Sonia, ¿Has estado practicando? —dijo su padre, que había salido de la cocina con un plato lleno de hotcakes calientes en una mano, y un gran tarro de miel en la otra.
—Sí papá, todos los días, hasta los domingos
—Si sigues así, algún día serás la elefantita más rápida de Marcha
—Verás que así será.
Se escucharon pisadas que venían de la escalera y entonces el hermanito de Sonia apareció con los ojos entrecerrados y bostezando.
—¡Ya está listo el desayuno?
Los demás elefantes lo miraron y sonrieron, llevaba la sábana pegada a sus pantalones de dormir.
CGA200725 – En el desayuno
Una familia de elefantes alados habita en las afueras de Varmirir, en un mundo donde volar forma parte de la vida cotidiana. El relato combina la intimidad familiar con elementos de fantasía, mientras Sonia alimenta su sueño de ser el más rápido. Los elefantes que vuelan construyen así una escena sencilla y entrañable, vista desde la imaginación de una niña.
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Esta obra pertenece a la categoría: Tiempo y realidades