La fachada en pie

Sólo quedaba en pie la fachada que fue orgullo de la casa. De sus paredes de adobe abandonadas, flotaban islas de pintura verde sobre la piedra roída. Los goznes que colgaban de la puerta, anaranjados de óxido, apenas sostenían tablones agrietados por tantos otoños. La ventana de dos hojas por la que antes entraban las conversaciones desde la calle, ahora prohibía acceso a toda luz con su película opaca. Pero no importaba, la casa ya no estaba.

Desprenderse de su dueña fue el alto costo pagado por alargar unos meses aquella vida que en su gloria la mantuvo limpia y pulcra. Meses en cama, vividos como horas y recordados como años.

Quedó demolida. Los recuerdos de niños corriendo entre los traspatios se convirtieron en polvo fino aferrado al ventanal; y las noches en vela trabajadas a quinqué por manos incansables, permanecieron fraguadas como la imborrable decoración del par de escalones despostillados que velaban su entrada.

Ahora, desprovista de toda entraña, era indignamente expuesta al espectáculo soez del amo, constituido en papel. Era forzada a mostrar su rostro desfigurado con una sonrisa apuntalada por alfileres.

Una bestia reclusa en burocracia, de alegrías agotadas, condenada a la existencia en infinita decadencia, al umbral de la muerte. Un cadáver olvidado, seco, más allá de la descomposición, que implora el final en silencio, con ecos amordazados que retumban en las calles del centro histórico de Mérida.

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CGA260615 – La fachada en pie
Esta fachada abandonada de Mérida se convierte en testigo de una casa antigua de Mérida consumida por el tiempo, la memoria y el abandono. El relato evoca también la decadencia del centro histórico y el destino de tantas casas antiguas de Yucatán, hasta transformar la ruina en una presencia casi humana.

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Esta obra pertenece a la categoría: Leyendas

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