Alguien encendió la luz. Hubiera preferido que no lo hiciera. Disfrutaba el plácido silencio de mi habitación gris en la que, ni el sol de mediodía, entrometía sus melosos rayos.
Pronto tendría que ejercer ese oficio de verdugo que despreciaba, actuando bajo las órdenes de otros que habían decidido que la justicia era de una manera y no de otra; escudándose tras aquel invento, esa aberración, privada de toda amplitud universal que castigaba a modo según las creencias de sus autores, la ley.
El castigo era una muerte que buscaba estúpidamente resarcir otra, sin mayor provecho que una falsa equidad.
El sentenciado se sentó entre mis brazos y entonces, descargué los 3,200 voltios para calmar el llanto de una viuda.
CGA260202 – Sobre este texto experimental
Este relato de objeto inanimado se adentra en la intimidad de una ejecución, donde la silla eléctrica se convierte en testigo silencioso de una justicia cuestionable. A través de una narrativa crítica de la justicia humana y un tono cercano al relato introspectivo de un verdugo, la historia explora el castigo y la moralidad sin emitir juicios explícitos, dejando al lector suspendido entre la frialdad del acto y su carga ética.
También te puede interesar: Las hadas
También puedes encontrar textos similares en la categoría de este trabajo: Texto experimental