Cinco mil amaneceres

Esta es la historia de Juan, no de Pedro, su hermano mayor, él ya se las sabía. No, Juan era el de la mirada baja y los pantalones anchos y arrugados. El viejo espejo de la abuela, con sus flores doradas de madera, y cojo de la pata izquierda, le regresaba una imagen de alguien feliz por la perfecta y estúpida combinación de ignorancia y expectativas.

—¡Apúrate, Juan! —le gritó su madre desde abajo —¡Tu papá no te va a esperar toda la noche, rey! o bajas o te quedas.

En su sabiduría de cinco mil amaneceres, Juan veía en el reflejo un bravo toro que estaba por desbocarse. Aquel espejo que, por su ennegrecida superficie requería más imaginación que buena vista, era para Juan un podio en el que vitoreaba su audaz y moderno atuendo de corbata de cuadros con camisa gris a rayas.

—Mamá, ¿lustraste mis zapatos negros?

—¿Pues de quién son? Soy tu madre, no tu criada.

Miró sus calcetines de carritos rojos. Eran los elegantes, pues no tenían tantos colores como los demás, ni tantos huecos. Peinó otra vez su cabello rebelde antes de bajar. Su abuela siempre decía que él era el guapo de los dos. El espejo estaba de acuerdo, era un galán.

Verse en aquel espejo era como tenerla aún con él. Ella entendería esa energía, ese ligero dolor en la punta de los dedos, fruto de la emoción de su primera fiesta. Aunque su hermana dijera que parecía un sapo atropellado, esa noche, Juan, sería el sapo más guapo de los quince años de María.

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CGA260421 – Cinco mil amaneceres
Una mirada entrañable a la primera fiesta de un adolescente, donde los recuerdos de la adolescencia y la nostalgia de la infancia se mezclan con la emoción de descubrirse a uno mismo. Este cuento sobre crecer captura, a través de los pequeños detalles, la fragilidad, el orgullo y la esperanza que acompañan los quince años y juventud.

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Esta obra pertenece a la categoría: Relatos diversos

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