179. No soy entomólogo, pero una foto en Yahoo! bastó para identificar al alacrán en mi cama, Bothriurus bonariensis, una especie no venenosa.
180. Salí de mi casa y manejé hasta un restaurante de comida italiana, donde me encontré con mi familia.
181. La cena fue muy agradable, les conté sobre mi viaje y sobre todas las cosas nuevas que vi y aprendí.
182. Dudé acerca de contarles sobre el libro que había comprado, sobre las malas noches, los gritos y el gancho de Belcebú.
183. La cocina italiana es mi favorita, y combinada con la plática me hizo olvidar por un momento los horrorosos sueños que había tenido.
184. Cuando terminamos de cenar, nos despedimos y me desearon las buenas noches. Me hacían falta.
185. Llegué a mi casa y me puse una playera cómoda para dormir; estaba exhausto.
186. Sin embargo, aún seguía algo asustado. Ya no quería soñar más, quería descansar a gusto.
187. Me preocupaban las pesadillas porque la última me había dejado una herida real, aunque nadie me creería si lo contara.
188. Comenzaba a hacer frío, así que me recosté en mi cama sin apagar la luz.
189. Estuve pensando un rato mientras veía las estrellas por la ventana y al sentirme sofocado por mis ideas, fui por un vaso con agua.
190. La noche era silenciosa. Solamente los grillos cantaban en la oscuridad.
191. Abrí el refrigerador y sentí un soplo que congeló mis pies descalzos.
192. Me di la vuelta y asenté el vaso en el desayunador que está al lado de la ventana que mira a la calle.
193. Como era lógico, la calle estaba desierta. No hay mucho movimiento a medianoche en la colonia donde vivo.
194. Los grillos comenzaron a cantar más fuerte, eran demasiados. ¿Acaso estaban en su etapa de celo?
195. El ruido fue en aumento y se mezclaba con voces, voces de mujeres.
196. Y luego trinos de pájaros, trinos fuertes y desesperados. ¿Estaba dormido de nuevo? ¿Era este otro sueño?
197. El frío me calaba hasta los huesos y sentía dolor y ardor en mi brazo izquierdo.
198. Lo miré en el lugar donde había estado la herida y no di crédito a mis ojos.
199. Había una cicatriz, una quemadura hecha con fuego y plomo, con grabados y símbolos que no entendía y un gran escorpión al centro.
200. Eran los grabados del talismán del libro. El Talismán Exterminador, sin lugar a dudas.
201. Miré a través del vidrio de la ventana cerrada y entonces la vi, más cerca de lo que la había visto hasta ahora.
202. Allí estaba la figura encapuchada con su rostro mirándome directamente.
203. Podía ver las inscripciones talladas en la hoja del instrumento que llevaba en la mano izquierda.
204. El ruido de los grillos, de las mujeres y de los pájaros era ensordecedor, y sin embargo distinguí claramente las palabras que pronunció.
205. Lo que escuché a continuación dejó mi sangre más helada que el agua del vaso que me había servido.
206. ¡Tú has conocido secretos que no te pertenecen, has roto el orden de enseñanza, has ofendido el trabajo de Cipriano El Mago!
207. ¡Vengo a vengarlo, vengo por ti!
208. Al terminar estas palabras, mi nombre resonó como un trueno.
209. Desperté en mi cama, sudando frío como ya se hacía costumbre. El canto de los pájaros al amanecer nunca me atemorizó tanto.
210. ¡Pamplinas! Todo era un sueño. Eso no podía haber pasado; solamente era falta de descanso, un par de malas noches.
211. Era obvio, después de un viaje tan largo, después de tanto trabajo, mi cuerpo pedía reposo.
212. La comida quizá, o tal vez algún virus que atrapé en el viaje. Todo debía tener una explicación lógica.
213. Los pájaros siempre cantan a la salida del sol. Me quedé dormido, eso fue todo.
214. Fueron coincidencias, fueron azares del destino, sólo fueron malas noches y pesadillas.
215. Me levanté decidido y me puse la ropa para ir a la oficina.
216. Cepillé mis dientes y miré mi brazo izquierdo, la herida prácticamente había desaparecido, pero me dolía más que la noche anterior.
217. Estaba hambriento, pero no tenía humor de preparar nada; una torta sería suficiente, la compraría en el camino.
218. Me puse los zapatos, recogí unos papeles de la mesita de noche y los metí en mi mochila.
219. Abrí el cierre del frente y saqué “El tesoro del hechicero”. Inmediatamente lo tiré al cesto de la basura.
220. Yo no creo en esas cosas, son puras pamplinas.
221. Salí de mi cuarto a toda prisa para ir a comprar esa deliciosa torta para desayunar; pasé por la cocina de mi casa.
222. En el desayunador, asentado en el medio, había un vaso con agua; la ventana que mira hacia la calle estaba abierta.
CGA110131 – El libro
El talismán exterminador convierte una serie de pesadillas sobrenaturales en una amenaza que parece cruzar los límites del sueño. Entre un libro maldito, las marcas de un antiguo ritual y la presencia de Cipriano El Mago, el protagonista comienza a dudar de toda explicación racional.
El primer capítulo está disponible en este link: El libro (Capítulo 1)
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